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Consejos de salud.

La vitamina de moda: vitamina D

publ mdr 20180206 1845372973¿Cuántos de los que hoy son abuelos no han probado cuando eran niños (aunque fuera con la nariz tapada) el aceite de hígado de bacalao?  Y, si no lo han probado, ¿no han oído hablar de él a sus primos o compañeros de la escuela?

Los años 40-50 del siglo pasado fueron años de hambre y, por lo tanto, de raquitismo. La vitamina D del bacalao fue un remedio maravilloso  para poder criar niños un poco más sanos, aún con pocos alimentos.

Antes y ahora, la vitamina D está presente en nuestras vidas. Pero ahora resulta que es, además, una vitamina “maravillosa”. Radios, televisiones, prensa informativa, prensa deportiva, prensa del corazón, tertulias de amigos, grupos de WhatsApp, en fin, todo el mundo habla de que la vitamina D puede ser un “salvavidas” efectivo para el maldito coronavirus.

Los que esto comentan no andan faltos de razón, pero, como en otros tantos casos, las noticias se malinterpretan y, ante la avalancha de peticiones de vitamina D en la farmacia, conviene hacer unas  matizaciones importantes.

Este artículo pretende, ante tanta información publicada tomando algunas investigaciones como infalibles, aclarar lo que a día de hoy se sabe a este respecto. Vaya por delante que las investigaciones sobre la Cov-19 han sido apresuradas y dispersas, como no podía ser de otra manera ante la situación urgente de salvar vidas como fuera; lo que hoy era verdad, mañana se ponía en duda.

Desde hace relativamente poco tiempo se sabe que la vitamina D, además de intervenir en el metabolismo formador de los huesos, interviene también, entre otras acciones, modulando los procesos que regulan la respuesta inmune a las infecciones; también a las de SARS-CoV-2.

Las complicaciones más severas de la Covid-19 vienen cuando la respuesta inmune (mecanismo de defensa del organismo) se descontrola por exceso, y el organismo enfermo lucha contra el virus y, a la misma vez, contra sus propias células, produciendo una inflamación de todos los tejidos que afecta a muchos órganos vitales. Cuando, como consecuencia de esta inflamación, se encharcan los pulmones y se afecta el corazón, se impide la respiración y se para la circulación, sobreviene la muerte. Al origen de esta respuesta inflamatoria descontrolada es a lo que se ha llamado tormenta de citoquinas.

Sin entrar en demasiados detalles, de los escasos estudios en curso   parece abrirse camino la afirmación de que unos importantes suplementos de vitamina D administrados de forma controlada a los pacientes hospitalizados afectados por coronavirus reduce la necesidad de que sean ingresados en UCI. De igual manera, en los pacientes UCI parece que mejora el proceso, lo que tiene como consecuencia un descenso de mortalidad de los mismos. También se abre paso la observación de que los pacientes tratados con vitamina D fueron dados de alta con menos efectos secundarios que los no tratados. [Entrenas et al. y Maghbooli et al.]

Como se ha apuntado, no hay grandes estudios publicados y, además, los datos que se conocen son procedentes de observaciones de muy pocos casos y en análisis apresurados. Nada definitivo e incuestionable a día de hoy.

De todas formas, aun tomando como ciertos los beneficios descritos, nada sugiere que haya que administrarse grandes dosis de vitamina D buscando su protección. La vitamina se acumula en la grasa del organismo y unas altas dosis, repetidas incontroladamente, pueden llegar a generar niveles tóxicos y producir efectos negativos graves y, en muchos casos, irreversibles, pudiendo llegar a ser letales.

Los efectos de este exceso de vitamina, que genera un exceso de calcio en la sangre, se manifiestan en forma de depósitos en los riñones (cálculos) que pueden comprometer su funcionamiento normal. Si los niveles siguen aumentando se producen trastornos en el ritmo del corazón que pueden terminar en coma y la muerte de la persona.

En condiciones normales, una alimentación equilibrada que incluya de forma habitual raciones de los alimentos que se citan, más los aportes que se produzcan por la síntesis en la piel de la vitamina a partir de un derivado del colesterol por efectos de los rayos  UV solares (España es un país soleado),  son más que suficientes para proporcionar las cantidades diarias recomendadas de vitamina D (600-700 UI/día en los adultos) y, todo lo más, si esto no es posible de alcanzar con la dieta, recurrir a suplementos que aportarán cantidades moderadas (unas 200-400 UI/comprimido) de la vitamina que complementen los aportados por los alimentos.

Alimento

Contenido en vitamina D

Aceite de hígado de bacalao

10.000 UI/100 ml (1.500/cucharada)

Bonito, arenque, atún frescos

800 – 1.000 UI/100 g

Langostino

700 UI/100 g

Caballa fresca

360 UI/100 g

Boquerón, sardina, salmón frescos   

300 UI/100 g

Conservas pescado azul en aceite

300 UI/100 g

Hígado de pollo

80 UI/100 g

Queso manchego curado

80 UI/100 g

Nunca debes administrarte grandes dosis sin recomendación médica para evitar el efecto acumulativo; ten en cuenta que la vitamina D ingerida y no gastada permanece en el organismo unos 25 días, no se elimina antes.

Esas pastillas en las que algunos estáis pensando tienen 20 veces más cantidad de vitamina que la que un adulto necesita al día, y 50 veces más que cualquier suplemento polivitamínico. Además, estos medicamentos requieren receta.

En tu farmacia estaremos encantados de recomendarte lo más indicado y adecuado si vienes a comentar sobre este tema, sin cita previa, sin esperas y a la hora que te convenga.

vd

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Como nos infecta el coronavirus y…

Seguro que casi todos habéis observado en alguna ocasión una “cortina” blanquecina cuando el sol penetra directamente por una ventana; es el polvo flotando en suspensión. Pero además, y por muy “limpios” que seamos, si pasamos el dedo por una balda de una estantería es muy probable que nos lo encontremos manchado por el polvo que, con el tiempo, se ha depositado.

Bien, si observáramos el polvo de este dedo al microscopio podríamos ver bien definida cada mota del mismo; si, además, lo sopláramos a contraluz, veríamos como esas motas de dispersan nuevamente por el aire. Nos daremos cuenta de que, si no es con una iluminación especial o con el microscopio no podemos ver partículas tan pequeñas.

Bueno, pues los virus son muchísimo más pequeños todavía, ya que ni con el microscopio somos capaces de verlos. Su “invisibilidad” por su mínimo tamaño y peso, es lo que hace que sean tan contagiosos. Si los viéramos, huiríamos de ellos.

Se ha dicho que el virus es tan pequeño que “flota”. El virus lo esparcen en el ambiente las personas enfermas al respirar, hablar, toser o, con más fuerza, al gritar o fumar; en esos momentos se emiten al aire una enorme cantidad de gotitas infectadas por el virus que no podemos ver.

Unas gotitas son más grandes, y al poco caen al suelo o sobre las superficies cercanas, contaminándolas; otras son mucho más pequeñas, y permanecen en el aire como los aerosoles que echamos en nuestras casas para matar las moscas, y, por supuesto, también contienen virus. El aire también se contamina de esta manera y hasta muy lejos si no hay ventilación. En este artículo puedes ver como puede llegar a propagarse en un supermercado.

Las personas sanas pueden contaminarse al respirar en este ambiente si el enfermo no establece una “barrera” entre él y el ambiente en el que se desenvuelve que impida emitir “aerosoles”, y ellos mismos tampoco se protegen la boca y nariz con otra “barrera” de manera que al respirar no aspiren con el aire los virus. Esto hace necesario el uso de las mascarillas para proteger a los demás, y a nosotros mismos, del contacto con los virus flotando en el ambiente.

Mención especial merece el fenómeno conocido como el de los superpropagadores: personas en periodo de incubación o sin apenas síntomas que mantienen una gran vida social y que, por motivos que se desconocen, son capaces de propagar la enfermedad con una especial virulencia. Estas personas no saben que son “enfermas” y pueden pensar que no se tienen porqué poner mascarilla, pero van contagiando a todo el que les acerca también sin mascarilla y a todo el mobiliario cercano.

Ya que el periodo de incubación del virus puede llegar hasta los 10 días o más, estas personas contagiadas sin síntoma alguno pueden tener una cantidad enorme de contactos cercanos. En un reciente estudio en China parece demostrarse que un 10% de los enfermos son los responsables directos del 80% de los contagios.

Las gotas que caen sobre superficies cercanas a los enfermos, como se ha dicho, están contaminadas. También están contaminadas sus manos, la cara y sus pertenencias. Cualquier persona que pase la mano por estas superficies (mostradores, manivelas, interruptores de la luz, mesas, teclados de ordenador, puertas, barandillas, grifos y cualquier otra que pueda imaginarse), y no digamos si saludan con apretones de manos, abrazos y besos a enfermos, va a contaminarse con el virus, y, si posteriormente él se toca la boca, la nariz o los ojos, va a llevarlo directamente hasta la puerta de entrada. Es por esto que no hay que ir “manoseando” superficies u objetos desconocidos y hay que mantenerse alejados de otras personas, “por si acaso”

Pero hay más, el coronavirus está rodeado de una película de grasa que hace que sea “pegajoso”; por eso, donde cae o nosotros lo dejamos por contacto con esa superficie, ahí queda adherido esperando que otra mano se lo lleve y lo trasmita a otra persona. Para liberar nuestras manos de él hay que lavarlas con agua y jabón (es necesario hacer buena espuma durante un tiempo para que la detersión quite la grasa del virus) o con alcohol o gel hidroalcohólico para “disolver” la película grasa y “matar” al virus.

Para nuestra seguridad tenemos que seguir lo que se ha llamado la regla de las TRES EMES: Mascarilla - Metros – Manos

En este punto es necesario comentar que no todas las mascarillas son igual de seguras. Las higiénicas filtran más que las quirúrgicas, por lo que protegen menos a los demás. Las certificadas como FFP2 filtran menos y, gracias a sus 5 capas, protegen más al portador y a los demás.

Para garantizar una filtración de aire adecuada, a las mascarillas “caseras” o de fantasía, si no tienen certificación alguna, es necesario proporcionarles una barrera homologada poniendo debajo (o en la bolsa portafiltros) el tejido de una mascarilla quirúrgica.

De todas formas, en tu farmacia estaremos encantados de asesorarte si lo necesitas y de proporcionarte tus demandas con la garantía de unos productos certificados.

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