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Blog Farmacia Figueroa

Consejos de salud.

Como nos infecta el coronavirus y…

Seguro que casi todos habéis observado en alguna ocasión una “cortina” blanquecina cuando el sol penetra directamente por una ventana; es el polvo flotando en suspensión. Pero además, y por muy “limpios” que seamos, si pasamos el dedo por una balda de una estantería es muy probable que nos lo encontremos manchado por el polvo que, con el tiempo, se ha depositado.

Bien, si observáramos el polvo de este dedo al microscopio podríamos ver bien definida cada mota del mismo; si, además, lo sopláramos a contraluz, veríamos como esas motas de dispersan nuevamente por el aire. Nos daremos cuenta de que, si no es con una iluminación especial o con el microscopio no podemos ver partículas tan pequeñas.

Bueno, pues los virus son muchísimo más pequeños todavía, ya que ni con el microscopio somos capaces de verlos. Su “invisibilidad” por su mínimo tamaño y peso, es lo que hace que sean tan contagiosos. Si los viéramos, huiríamos de ellos.

Se ha dicho que el virus es tan pequeño que “flota”. El virus lo esparcen en el ambiente las personas enfermas al respirar, hablar, toser o, con más fuerza, al gritar o fumar; en esos momentos se emiten al aire una enorme cantidad de gotitas infectadas por el virus que no podemos ver.

Unas gotitas son más grandes, y al poco caen al suelo o sobre las superficies cercanas, contaminándolas; otras son mucho más pequeñas, y permanecen en el aire como los aerosoles que echamos en nuestras casas para matar las moscas, y, por supuesto, también contienen virus. El aire también se contamina de esta manera y hasta muy lejos si no hay ventilación. En este artículo puedes ver como puede llegar a propagarse en un supermercado.

Las personas sanas pueden contaminarse al respirar en este ambiente si el enfermo no establece una “barrera” entre él y el ambiente en el que se desenvuelve que impida emitir “aerosoles”, y ellos mismos tampoco se protegen la boca y nariz con otra “barrera” de manera que al respirar no aspiren con el aire los virus. Esto hace necesario el uso de las mascarillas para proteger a los demás, y a nosotros mismos, del contacto con los virus flotando en el ambiente.

Mención especial merece el fenómeno conocido como el de los superpropagadores: personas en periodo de incubación o sin apenas síntomas que mantienen una gran vida social y que, por motivos que se desconocen, son capaces de propagar la enfermedad con una especial virulencia. Estas personas no saben que son “enfermas” y pueden pensar que no se tienen porqué poner mascarilla, pero van contagiando a todo el que les acerca también sin mascarilla y a todo el mobiliario cercano.

Ya que el periodo de incubación del virus puede llegar hasta los 10 días o más, estas personas contagiadas sin síntoma alguno pueden tener una cantidad enorme de contactos cercanos. En un reciente estudio en China parece demostrarse que un 10% de los enfermos son los responsables directos del 80% de los contagios.

Las gotas que caen sobre superficies cercanas a los enfermos, como se ha dicho, están contaminadas. También están contaminadas sus manos, la cara y sus pertenencias. Cualquier persona que pase la mano por estas superficies (mostradores, manivelas, interruptores de la luz, mesas, teclados de ordenador, puertas, barandillas, grifos y cualquier otra que pueda imaginarse), y no digamos si saludan con apretones de manos, abrazos y besos a enfermos, va a contaminarse con el virus, y, si posteriormente él se toca la boca, la nariz o los ojos, va a llevarlo directamente hasta la puerta de entrada. Es por esto que no hay que ir “manoseando” superficies u objetos desconocidos y hay que mantenerse alejados de otras personas, “por si acaso”

Pero hay más, el coronavirus está rodeado de una película de grasa que hace que sea “pegajoso”; por eso, donde cae o nosotros lo dejamos por contacto con esa superficie, ahí queda adherido esperando que otra mano se lo lleve y lo trasmita a otra persona. Para liberar nuestras manos de él hay que lavarlas con agua y jabón (es necesario hacer buena espuma durante un tiempo para que la detersión quite la grasa del virus) o con alcohol o gel hidroalcohólico para “disolver” la película grasa y “matar” al virus.

Para nuestra seguridad tenemos que seguir lo que se ha llamado la regla de las TRES EMES: Mascarilla - Metros – Manos

En este punto es necesario comentar que no todas las mascarillas son igual de seguras. Las higiénicas filtran más que las quirúrgicas, por lo que protegen menos a los demás. Las certificadas como FFP2 filtran menos y, gracias a sus 5 capas, protegen más al portador y a los demás.

Para garantizar una filtración de aire adecuada, a las mascarillas “caseras” o de fantasía, si no tienen certificación alguna, es necesario proporcionarles una barrera homologada poniendo debajo (o en la bolsa portafiltros) el tejido de una mascarilla quirúrgica.

De todas formas, en tu farmacia estaremos encantados de asesorarte si lo necesitas y de proporcionarte tus demandas con la garantía de unos productos certificados.

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Y tú, ¿te vas a vacunar contra la gripe?

La campaña de vacunación contra la gripe ha comenzado ya, y, como todos los años, desde la Farmacia se detectan dos posiciones contrapuestas frente a esta vacunación: los que se afanan por vacunarse cuanto antes, y las personas reticentes, con dudas o, lo que es peor, que, debiendo hacerlo, no se vacunan.

Ante esto debe saberse que la gripe es una enfermedad infecciosa aguda causada por unos virus (frente al cual los antibióticos no tienen efecto directo), con muy alta capacidad de transmisión de persona enferma a persona sana y con un pronóstico que en muchos casos se califica cómo reservado, cuando no de grave.

La gripe (también llama influenza) está causada por el influenzavirus A o por el inflaenzavirus B, de la familia de los ortomixovirus. Esto va a condicionar la elaboración de las vacunas cada año.

La gripe se contagia fundamentalmente cuando una persona enferma tose, estornuda o habla. Durante estas acciones se expulsan por la boca o/y la nariz una pequeñas gotitas invisibles que transportan el virus hasta otra persona sin gripe, pero capaz de padecerla por no haberse vacunado. En menor número de casos el contagio se produce al tocar objetos o superficies en donde se hayan depositado esas gotitas, llevando después la mano a la boca, la nariz o los ojos. La estacionalidad de la gripe se alarga durante el otoño y e invierno, predominantemente entre los meses de noviembre a marzo.

Este virus penetra en la persona sana por la boca, la nariz o incluso por los ojos, llegando hasta los pulmones, donde empieza a multiplicarse, causando la enfermedad.

La enfermedad se detecta por sus síntomas, que comienzan sobre los 2-3 días después del contagio, y se caracterizan por un inicio brusco de episodios de fiebre alta, escalofríos, congestión nasal, dolor de cabeza, molestias en la garganta, fatiga, dolores musculares y malestar general. La duración se cifra en aproximadamente una semana, aunque algunos pueden durar hasta 15 días.

Algunas de las personas que contraen la gripe desarrollan complicaciones asociadas, que en bastantes casos también pueden ser graves: bronquitis, otitis, sinusitis, neumonía, miocarditis, encefalitis, miositis. También, en otros casos, se produce un empeoramiento de patologías previas, como puede ser el asma, la diabetes o enfermedades del corazón, entre otras.

La gripe no tiene tratamiento farmacológico y, para la mayoría de los casos leves, la única recomendación es quedarse en casa evitando el contacto con otros convivientes. En otros, se tratan los síntomas para el alivio de las molestias que origina, como pueden ser la fiebre o la rinitis.

Se ha dicho que es una enfermedad grave. Tomando datos del Ministerio de Sanidad, en España, durante la temporada 2019-2020, se atendieron 490.000 consultas con diagnóstico de gripe, se hospitalizaron a 35.300 enfermos (2.500 de ellos en UCI) y 6.300 personas murieron a causa de la misma.

La manera más efectiva de prevenir la gripe es la vacunación. No menos importante es la práctica de buenos hábitos de salud a los que nos estamos (o deberíamos de estar) acostumbrando: taparse la boca con el codo al toser, utilizar pañuelos de papel y desecharlos después del uso, lavarse las manos frecuencia y, sobre todo, usar bien mascarillas efectivas, no las de adorno.

Nos podremos preguntar, ¿Quién debe vacunarse? Existen tres grupos de riesgo para los cuales la vacunación debería de ser obligatoria: personas mayores de 65 años, mujeres embarazadas y personal sanitario y sociosanitario. A estos deberían de sumarse los niños que, además de padecerla con mucha incidencia, la pueden transmitir con más carga viral y durante bastante más tiempo que los adultos (¡cuidado con los abuelos!), menores de 65 años con patologías de riesgo (asma, EPOC, fibrosis pulmonar, diabetes, obesidad, enfermedades del corazón, cáncer,…), personas que cuidan a personas con alto riesgo de sufrir complicaciones y todas aquellas que prestan servicios en actividades esenciales. Os recomendamos repasar la infografía que encabeza esta publicación.

http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1139-76322014000400013

Si todos los años es recomendable la vacunación contra la gripe, este año lo es con mayor razón que nunca. Este otoño-invierno van a coincidir catarros, gripe y Covid-19. Si, también según el Ministerio de Sanidad, la gripe “es un importante problema de salud, por la mortalidad y por las complicaciones y costes económicos que origina”, la coincidencia con la pandemia hace especialmente importante la vacunación de … la población vulnerable para evitar la sobrecarga del sistema sanitario”

https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/programasDeVacunacion/gripe/faq/

Si al Ministerio le preocupan los costes sanitarios, a nosotros, pacientes, nos interesa que nos atiendan lo mejor posible, huyendo de la mortalidad y las complicaciones. Covid-19 tiene unas vías de contagio iguales a las de la gripe y unos síntomas que son prácticamente similares, por lo que, a la población en general, nos conviene que las consultas no se dupliquen y se colapsen a causa de dos enfermedades diferentes que van a coexistir en el tiempo; es por esto que debemos descartar la gripe practicando una vacunación previa.

Pero hay una razón más para vacunarse: la infección por dos virus a la vez tiene mucho peor pronóstico que la de cada uno por separado ya que, según un estudio de la Universidad de Stanford (California), “estas conclusión revelan cómo el sistema inmune va mal durante infecciones del coronavirus, llevando a la enfermedad severa” lo que agravaría la situación si se suman las dos infecciones.

https://www.news-medical.net/news/20200811/22080/Spanish.aspx

Covid-19 ha sido la causa de 936.000 contagios acumulados en España, con una media de 6.500 casos nuevos cada día. De estos contagiados, 161.000 personas han necesitado ser hospitalizadas (14.500 en UCI) y 34.000 han sucumbido a la enfermedad y muerto por su causa (algunas fuentes elevan esta cifra hasta 50.000). ¿Podemos imaginarnos lo que sucede si enfermáramos de gripe y Covid-19 a la vez? Con la vacunación reducimos a la mitad la posibilidad de necesitar asistencia médica y 1/6 las posibilidades de morir.

https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/Actualizacion_230_COVID-19.pdf

Se ha sugerido que la infección por un virus “despierta” al sistema inmunológico del enfermo, pudiendo actuar así como una medida favorable para prevenir otra nueva infección; esto es, la infección con un virus ejerce un efecto protector para evitar complicaciones por la infección por otro virus similar. Esto parece probado cuando la infección es “previa” y ya se han desarrollado defensas en el organismo, pero nunca cuando la infección es simultánea.

Todo lo anterior parece dibujar un cuadro demasiado pesimista para los que deciden la no vacunación, pero podemos reforzar la postura contraria con un razonamiento ajeno a la medicina, que lo que pretende es concienciar. Las personas debemos tener la responsabilidad social de no ser vectores de contagio a otras personas sanas, que pueden morir. La cruel experiencia de los últimos tiempos nos enseña que los irresponsables pueden pasar la infección con facilidad, pero llevan a su casa o al trabajo un virus que, en muchas ocasiones, es peligroso.

También esta es una razón poderosa para vacunarse.

Después de lo dicho: tú, ¿te vas a vacunar contra la gripe?

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